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Criptodivisas

Pero, ¿para qué sirve realmente bitcoin?

La crisis entre Irán y Estados Unidos disparó la cotización de bitcoin, dando argumentos a los que lo comparan con el oro. ¿Está mutando de piel el valor especulativo por excelencia?

“En realidad, casi nadie usa bitcoin para los pagos, lo usan más como una alternativa al oro. Es una reserva de valor; es una reserva de valor especulativa como el oro”. La frase del presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Jerome Powell, durante una comparecencia en el Senado para hablar de Libra, la criptomoneda de Facebook, fue muy celebrada por la activa comunidad global de apóstoles de bitcoin. Tenían motivos. Los mismos que antes hablaban burlones del “dinero mágico de internet” ahora les comparaban con el oro.

Ha pasado medio año desde esas palabras de Powell, y las comparativas entre el oro y el bitcoin proliferan. No son solo opiniones, sino también datos: las curvas de cotización al alza de ambos activos fueron prácticamente idénticas tras el asesinato del general iraní Soleimani por Estados Unidos, así como la del petróleo. Bitcoin, en concreto, subió un 19% en los cinco días siguientes a ese 3 de enero.

Al bitcoin le sientan bien las crisis, cuando aparecen grietas en todo lo aparentemente sólido. Pero, ¿de verdad es posible que un activo tan volátil y arriesgado como el bitcoin se haya convertido en un valor refugio, comparable con el oro? Si la respuesta es sí, habrá que arrinconar la idea preconcebida sobre los inversores en la criptomoneda. No serían tecnólogos inquietos expertos en blockchain -la tecnología que sustenta bitcoin-, sino financieros conservadores a los que la innovación les interesa bastante menos que la seguridad.

Ramón Ferraz es el consejero delegado de 2gether, un ‘neobanco’ especializado en la operativa con criptomonedas. Han estudiado cómo son sus 10.000 clientes, en 19 países de la UE, y el resultado es los abogados, contables y economistas son sus principales usuarios, un 15%, superando con mucho a los informáticos, un 7,9%, que también están por debajo de desempleados y jubilados. Los que operan con criptomonedas en 2gether son relativamente jóvenes (el 56% tiene entre 26 y 45 años) y abrumadoramente hombres (un 77%), lo que Ferraz explica porque “este es un mundo financiero, y tradicionalmente allí domina lo masculino”.

Manifestación en protesta por el asesinato de Qassem Soleimani frente al consulado de EE UU en Estambul, Turquía, el 5 de enero.

El bitcoin es un lujo… a veces

“En los últimos años, el dinero no da ninguna rentabilidad, y la población con más conocimientos financieros busca alternativas como bitcoin”, explica Ferraz, que es analista financiero certificado. “En el mundo occidental”, prosigue, “bitcoin resuelve problemas que no son críticos. Pero en países como, por ejemplo Angola, Venezuela o Argentina, donde tu dinero puede no valer nada o te lo pueden quitar de un día para otro, bitcoin puede resolver el principal problema de la economía”.

Comic 'Hunt for Satoshi Nakamoto'

Así que lo que en Occidente es un lujo, una sofisticación financiera, en otros países es una necesidad. En la misma línea se explica Álex Casas, especialista en criptomonedas y fundador de León Blockchain Hub: “Cuando hay restricciones en el acceso al sistema bancario, bitcoin se comporta como un refugio: pasó en Chipre en 2013, en Argentina en 2014, en Grecia en 2015 y está sucediendo ahora en Líbano”. No es mérito de la criptomoneda, sino desconfianza en el sistema financiero, explica.

Los puntos débiles

Otro examen para la consistencia de bitcoin

Los protocolos de bitcoin, establecidos por Satoshi Nakamoto, establecen un sistema de emisión de moneda pautado e inamovible, que tendría su punto final en 2140, cuando la circulación de bitcoins alcance los 21 millones de unidades. El sistema depende de los ‘mineros’, operadores informáticos que lanzan al mercado bitcoins obteniendo como pago por su trabajo una cantidad de la propia criptomoneda. El protocolo de Nakamoto estableció que esa retribución sería progresivamente menor, y se prevé que en mayo, por segunda vez en los once años de historia de bitcoin, se reduzca: de 12,5 bitcoins (unos 100.000 dólares al cambio actual) a 6,25 bitcoins.

¿Cómo puede afectar ese cambio de las condiciones laborales en la cotización de bitcoin? “Juegan demasiados factores como para atreverse a un pronóstico”, dice Alex Casas, pero sí hay una certeza: toda la arquitectura de bitcoin descansa en el trabajo de los mineros, que operan -y gastan mucha energía- por una recompensa económica. Si no les es suficiente, el mundo de bitcoin se puede tambalear.

En los once años que han pasado desde el nacimiento de bitcoin, la criptomoneda ha sido dada por muerta varias veces, y ha ido sido aceptada, muy poco a poco y con reticencias, en los círculos financieros. Para Ferraz, una de sus principales virtudes es que es un activo incorrelacionado, es decir, su cotización es totalmente independiente de cualquier otro activo, y eso le añade atractivo en la composición de un portfolio financiero. “Sirve para diversificar carteras en momentos de incertidumbre”, explica el economista Javier Santacruz, “pero ningún inversor institucional incluye bitcoin en su cartera porque sabe que con eso no se puede jugar los cuartos”. Ninguna institución respalda una inversión en bitcoins, y eso cierra las puertas de la inversión institucional a la criptomoneda.

Santacruz, muy escéptico respecto a la consideración de bitcoin como un valor refugio, atribuye la semejanza de sus curvas de valoración con el oro a la gestión automatizada de carteras mediante algoritmos. “Lo interesante de bitcoin es su tecnología, sus protocolos, su arquitectura de red… eso es imparable, y no quiero creer que su producto final sea bitcoin”. “Ningún regulador en su sano juicio va a permitir la circulación masiva de una divisa que no controle”, pronostica.

Es una lección que parece estar aprendiendo Facebook posponiendo Libra, y a la que tal vez pronto se enfrente bitcoin. Mientras tanto, tiene la virtud de adaptarse a las necesidades de sus usuarios: refugio en sistemas financieros débiles; diversificación en los más estables.

La burbuja que sobrevivió a la burbuja

Además de al escepticismo de los financieros, bitcoin se enfrenta a competencia en su propio terreno, el de las criptomonedas. Hay centenares cotizando y solo una, Ethereum, le hace cierta competencia, con poco más del 10% de su valor de mercado (16.000 millones de dólares frente a 155.000 millones de dólares).

Tantas criptomonedas, muchas de ellas inútiles, son consecuencia de la burbuja de las ICO (siglas de Initial Coin Offering) que se produjo entre la segunda mitad de 2017 y la primera de 2018. Según datos de la web especializada Coinschedule, en 2017 este mecanismo de financiación empresarial mediante el lanzamiento de criptomonedas y ‘tokens’ captó globalmente 6.557 millones de dólares; en 2018, 21.620 millones de dólares. Pero en 2019 esa cifra se desplomó un 85% -3.255 millones de dólares, menos de la mitad que dos años antes- y en los últimos meses el mercado está particularmente frío.

Jesús Pérez Sánchez, expresidente de la Asociación Española de Fintech y CEO de Digital Asset Institute, especializado en la valoración de criptoactivos, reconoce esa burbuja, pero minimiza su importancia: “También la hubo en su momento con internet, porque los cambios de paradigma provocan unas inversiones de capital mayores de los que necesitan los proyectos”. En su opinión, no solo bitcoin ha llegado para quedarse; también otras criptomonedas marcarán el futuro de la economía.

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